
Hoy el Señor, me está dando otra posibilidad de volver a caminar sola, y él seguir a mi lado, junto a mí, pero no llevándome desvanecida, me está bajando de sus brazos y está viendo como apoyo mis pies en el piso y ahora las huellas en la arena vuelven a ser cuatro... no dos como en éste último tiempo.
Gracias por permitir que mi fe en ti sea tan grande, gracias por haberme dado o forjado duramente tal fortaleza en mi alma. Gracias por darme un corazón que sólo confía en ti.
Dios, Señor mío, tu hijo Jesús me ha llevado en sus brazos en mis peores momentos, pero cuando todo parecía gris, yo supe que le pesaba demasiado ya y él no me arrojó al piso, él me dio la posibilidad de que en sus brazos me recupere para hoy seguir caminado junto a él.
Hay un dicho que dice que Dios aprieta pero no ahorca, sí lo sabré, yo he estado al límite y sabido que ya me dolía mucho todo, y sin embargo nada hizo desistir mi voluntad.
Nada hizo detener mis pasos,
nada hizo perecer mi fe,
nada hizo dejar de ser yo misma,
nada hizo morir mi esperanza,
nada hizo dejarme morir,
todo hizo hacer más fuerte mi fe en Dios,
en su hijo Jesús, y en su madre María,
en sus enviados a cuidarnos.... nuestro ángel y todos los ángeles...
en sus enviados a la tierra, los santos, mediadores entre nuestras necesidades y el Señor.
Sé que hoy todos unidos me están dando la posibilidad de volver a empezar y ahora todo depende de mí, sí he pasado por todo y mi amor a Dios sólo aumento y mi fe en él fue y es incondicional, inmensa e infinita.
Hoy les digo, yo soy la prueba viviente de que se puede sufrir mucho, sentir tristeza, dolor, angustia, depresión. Que se puede enfermar el alma de tanto sufrir y deprimirse nuestro ser, que se puede enfermar nuestro cuerpo y hasta por autodañarnos y caer en enfermedades como la anorexia nerviosa, bulimia, enfermedades autodestructivas, que se puede enfermar sin quererlo por dejarnos al olvido sin darnos cuenta, y caer con nuestras defensas bajas, todo eso a mí me sucedió.
Y aquí estoy siendo fiel testimonio de la obra milagrosa de Dios en mis días. Gracias Dios por Ser quien soy, porque soy el resultado de lo que he sufrido y llorado. De lo que he padecido en soledad, de lo que he compartido con mis seres más queridos. Soy el producto de tu obra creadora en mí, que hizo que nada físico ni psíquico afecte o altere mi fe, que sólo se vio aumentada con cada caída porque sabía que para levantarme sola no podía y si lo estaba logrando era gracias a tus manos....
Gracias Dios mio.
Sabes que soy un testigo de tus milagros en mi vida, leí una vez que en proporción a cuan grande sea tu fe, así mismo serán los milagros por Dios obrados en tu vida, en tus días, me has demostrado que sí reconoces y ves mi fe infinita e inmensa y de todo corazón a ti y a tus enviados especiales y mediadores entre nuestras necesidades urgentes en la tierra y tú, Celestial Padre que estás en el cielo y en nuestro corazón.
Cuan más hermoso sea nuestro corazón y más limpida sea nuestra alma, más contento y alegre, feliz residirá Dios en nuestro corazón.
Hagamos de nuestra alma y corazón un lugar donde Dios quiera habitar para no marcharse jamás y estar feliz de vivir allí.
Esto es mi agradecimiento a Jesús, que sé le he pesado mucho en éstos tiempos.
A San Expedito que sé medió ante Dios, nuestro Señor, por mis causas urgentes,
a los ángeles, en especial al mió, al de mi madre y al de mi gio y de mi pupy.
A Santa Bernardita que es un claro ejemplo de que el Señor no le aseguró que no sufriría más ella sabría sus verdades y las transmitiría.
Yo sé que aún me falta sufrir mas en la vida, pero nada es en vano, todo tiene un sentido y un porque.
Jamás pregunté por qué a mí?.... Por qué no a mi?... A todos nos puede pasar el dolor, lo inevitable, la tragedia y lo inesperado.
Pero no me rendí y sé que mi vida jamás será color de rosas, pero yo siempre la viviré con olor a jasmines y como si la viera a través de mis cristales rosados, porque Dios está a mi lado, Dios vive en mí.
Dios no me promete no sufrir, pero yo sé y tengo una certeza, él nunca me faltará cuando paresca no tener nada o a nadie. El siempre me ayudará y estará ahí para mí. Sé que siempre me va a ayudar a renacer de mis propias cenizas.
El es mi corazón y alma, y él me promete no faltarme jamás. Eso lo sé yo como una certeza revelada desde siempre en mi corazón.
Gracias Dios mío! Gracias por permitirme convivir con el dolor, por llorar las penas de quienes no tienen lágrimas ni sufren por los que necesitan alimento del alma y del cuerpo, gracias por traerme a la tierra a llorar por la indiferencia de los miserables que miran con indiferencia al que no tiene pan, ni sustento.
Gracias por llorar por ellos también, sí, por los indiferentes a la pobreza. Porque ellos son los más pobres, los qué mas ayuda tal vez necesitan porque sus almas están sedientas de fe y hambrientas del alimento del alma que tal vez nunca conocieron ni conocerán. Pero ellos también deben tener nuestra compasión porque son los pobres de la humanidad.
No hay más pobre que aquél que no vea a su hermano, a quién tiene a su lado, a quién pasó necesitando una ayuda, a quién muere de pobreza y dolor, a quién no tiene que dar de comer a sus hijos, ni un trabajo digno para sentirse realizado como ser humano. Con todos ellos está Dios en sus corazones, con quién no los ve, con quién los ignora y pudiendo ayudar, prefiere no mirar... con el indiferente a la pobreza, indigencia, dolor y necesidades ajenas, con ése que calló a su corazón o se aturdió con los ruidos o bullicios de la riqueza, el poder y la apariencia, con ése está mi oración y mis lágrimas también, porque esa persona sí que es pobre realmente y no posee nada aunque crea que es dueño del mundo.
Siempre recuerden que el hambre espiritual es el más difícil de saciar.
No nos aferremos jamás a lo efímero porque todo es pasajero, la belleza, la riqueza, los bienes materiales, aferrémonos con mucha fuerza y garras a nuestra alma, a nuestro espíritu y a nuestros sentimientos, a nuestro amor a Dios, a nuestra fe y esperanza en él, a nuestros afectos y a nuestro mundo interior que va más allá de nosotros que trasciende nuestros cuerpos llegando al cielo.
Gracias Señor porque la niña que fuí y aún soy, siempre escucha su corazón, jamás se deja aturdir por los ruidos de la ciudad que muchas veces nos itentan confundir.... gracias Señor por ser la niña que siempre fuí, por no dejarla morir jamás en mí.
Gracias por creer en los ángeles, en las estrellas y en los milagros cotidianos, gracias por caminar y ver el cielo siempre y pedir mis tres deseos a una estrella, al lucero, a la primer estrella que aparece en el cielo, a la luna o al sol.
Gracias por el mundo que ésa niña creó desde muy pequeñita y que aún hoy lo habita aunque viva de a ratitos en el mundo donde estamos todos parados pero que su alma se despegue del suelo y vuele muy lejos, tan lejos que ningún dolor o frustración la hagan desistir de seguir.
Gracias por las alas que diste a mí alma.
Te estaré eternamente agradecida por todo lo sufrido y vivido, por los momentos que me dejaron llegar más a tí, y me enseñaron a vivir.
Gracias Dios mío por vivir en mí.